Llevaba algunos minutos despierta, observándote dormir muy profundamente.
Sin abrir los ojos, despertaste apretándome contra ti y besando mi frente.
-¿Qué hora es?-
-Es bien tarde... pero quisiera quedarme en cama contigo todo el día-, contesté.
Tus brazos se sentían más fuertes que de costumbre. Y tu sonrisa era más grande aun.
En un destello de remembranza, pensé que habías cedido bastante la noche anterior. Supe de tu gran esfuerzo y del brillo de tu corazón. Ésa mañana atiné a abrazarte y decirte lo mucho que significabas en mi vida. Sólo eso.
-Ya tengo que irme, hermosa-, dijiste.
No estabas conciente del peso de tus palabras.
-Ya lo sé.-
Y nos preparamos para salir entonces.
Sabía que sería la última vez, aun cuando tu no estuvieras al tanto de ello. Sabía de tu camino por evitar caer más profundo (...Falling in love... over and over...) y que te irías pronto.
Sabía todo desde el principio y no me asustaba. Sabía de lo mucho que me lastimarías sin saberlo tú... y asentí.
Lloré por tres noches seguidas cuando terminó de suceder. Un abandono no-premeditado pero si muy esperado. Lloré amargamente, de corazón y con el raciocinio a la mano.
Me vanagloriaba de haber sufrido un corazón roto, pero en realidad no había dimensionado las cosas. Realmente aprendí lo que duele una ruptura del corazón en esta ocasión. Pero ya no tenía quince años y la aceptaba con honor... con el mismo honor con que te recibí a sabiendas del final.
Me enseñaste a aceptarte con todo y defectos, siendo el mayor precisamente lo que te alejaba de mi camino. El miedo a ver tu corazón en pedazos. Justo como estabas dejando el mío.
Y antes de partir, te lo dije, desde el fondo de mi alma y con un saco lleno de sinceridad en polvo lunar: "Acuérdate, estés en donde estés, que siempre estoy yo aquí para ti...".
No lo comprendiste en ese momento y te limitaste a sonreir.
"Hubiera dado todos los cachos de mi alma quebrada por sólo 5 minutos."
Me di la vuelta y te solté... por lo menos te solté de donde te tenía conmigo. No te retenía... estabas aquí por gusto.
La magia fue cuando te vi nuevamente... con una sonrisa de cómplice en los labios y un nexo eterno del que nunca escaparemos.
Te quiero, amigo.
Hace tanto tiempo ya...
MATH.














